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Del laboratorio al salón de clases

07 January 2013 Written by  Alex Porpora

“¿Te gustaría ver el cerebro?” pregunta Renee Bend mientras camina rápidamente por el pasillo hacia su laboratorio. Bend tiene un doctorado en neurociencia pero su laboratorio no está en una universidad ni en un hospital, sino en la escuela Waterford en Sandy, Utah. En su primer año como maestra de ciencias, ella tiene un horario completo enseñando ciencia física, biología, genética, y neurociencia a estudiantes del 7º al 12º grado.

Hace seis años, Bend no se imaginaba que estaría mostrando cerebros humanos a estudiantes de la escuela intermedia y secundaria. Pero mientras realizaba investigación sobre los ojos de los peces tropicales para su tesis, resultó evidente que trabajar en un laboratorio no era algo para ella. “Me había desilusionado de la idea de hacer investigación,” dice Bend. “Sentía que iba a un paso muy lento y ya no era lo suficientemente importante para mí.”

Bend impartió clases para estudiantes subgraduados mientras cursaba sus estudios, y lo disfrutó tanto que decidió seguir una carrera en la enseñanza. Encontró su trabajo actual después que un consejero le sugirió que buscara trabajos en las escuelas secundarias locales. A pesar de no tener experiencia enseñando a estudiantes de esa edad, no fue tan intimidante como pensó que sería. “Resultó muy natural para mí estar ahí, y en ese lugar era donde yo quería estar,” dice ella.

La Secretaría de Educación del estado de Utah comprende el valor de tener profesionistas en los salones de clase. Los estándares básicos científicos de Utah ponen un énfasis en el entendimiento del proceso científico. “[Aprender el proceso científico] es vital para preparar estudiantes para estudios universitarios y carreras en áreas de [ciencia, tecnología, ingeniería, y matemáticas] (STEM por sus siglas en inglés),” dice Sarah Young, especialista en ciencias de la Secretaría de Educación del estado de Utah. Como practicantes del proceso científico, los profesionistas son especialmente aptos para proveer a los estudiantes con estos conocimientos valiosos.

Para alentar a que profesionistas se conviertan en maestros, la Secretaría de Educación del estado de Utah (USOE por sus siglas en inglés) creó el programa de ruta alternativa para la licenciatura (ARL por sus siglas en inglés), aprobado por el gobierno de Utah en 2002. En contraste con los programas tradicionales de preparación para la enseñanza, ARL les permite a los participantes obtener su licencia del estado de Utah mientras están empleados en su primer trabajo como maestros. Según el informe del 2010 del Centro Nacional para la Información sobre la Educación, el número de maestros en el país que obtiene su certificado tomando estas rutas ha aumentado al doble desde 2002, alcanzando 60,000 en 2009. La cantidad de maestros que obtiene su licencia a través de programas alternativos es todavía relativamente reducida, estimada en un 16 por ciento en 2009.

A pesar de ser una opción cuya popularidad va en aumento, tomar el camino rápido en la enseñanza tiene sus desventajas. “Yo no cuento con las estrategias de control de los estudiantes que una persona que tomó la ruta tradicional en la enseñanza probablemente tiene,” dice Bend, quien está inscrita en un programa ARL. “Definitivamente, el año próximo hay cosas que haré de manera diferente desde el principio.” Por esta razón, la Asociación Nacional de Educación dio a conocer un comunicado en 2009 advirtiendo que muchos programas de ruta alternativa no logran preparar a los candidatos para ser educadores exitosos.

Como una verdadera científica, para abordar este asunto Bend toma nota de las cosas que funcionan bien en el salón de clases mientras trabaja. Ya que ella misma fue estudiante durante un largo periodo de tiempo, sabe perfectamente el aburrimiento que puede surgir cuando la clase es impartida por un maestro sin motivación. “[Quiero] darme cuenta de qué puedo hacer para que alguien en mi clase piense, ‘¡Wow! Acabo de aprender algo muy interesante’. Creo que eso es realmente difícil de hacer.”

Hoy día, parece que va a lograr su objetivo. Mientras los estudiantes de neurociencias entran al laboratorio, puede sentirse la anticipación en el ambiente. Una joven exclama, “¡Estoy muy emocionada, no lo creo!” Sobre una repisa se encuentra la muestra de un cerebro humano. Mientras algunos estudiantes hacen muecas desde sus asientos y tratan de mantener una distancia segura entre ellos y el espécimen rosado un poco maloliente, otros lo exploran lo más posible, tanto visual como dactilarmente. “Creo que se aprende más en una hora en el laboratorio que en una hora en el salón de clase,” apunta Bend.

Aunque no todos los estudiantes van a salir del laboratorio con deseos de querer ser científicos, Bend espera que al menos tengan una nueva apreciación por la ciencia. Lo ideal es que los profesionistas traigan eso al salón de clase: conocimientos especializados y pasión por la materia para inspirar a una nueva generación.

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